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Diario privado. 11 de enero de 2026

¡Cayó Maduro! ¿Es este el fin de la revolución? Mi tio me informó que habían atrapado a Maduro y Cilia. Pasé la noche en vela chateando con mi mamá porque las explosiones se escucharon en Miraflores, a eso de la 1:30 de madrugada. Pero no, no bombardearon Miraflores, por suerte. Tengo claro que esto ha sido una violación de la soberanía, pero no encuentro otra manera en la que podríamos haber salido de esto.  Han sido 12 años que he visto pasar a millones de personas saliendo del territorio en busca de un mejor futuro, y atravesando muchas veces caminos difíciles en donde la llegada a su destino se ha puesto en duda, huyendo de la miseria y la barbarie que representa el abuso de poder; poder que descansa no solo en el gobierno, sino en aquellas personas que aún creen en las ideas de una "revolución" fallida; algunas de las cuales motivadas por intereses ajenos a mis conocimientos, quienes con el uso de armas, de la fuerza y de la intimidación, mantienen en vilo a cualquier pe...

Divagaciones

 ntada, me preguntó: —Defina éste período—

Respondí sin inmutarme: —La nada y la desesperación—


—¿Siente usted eso?— añadió

— Tengo una contradicción. Siento nada y desesperación en cuanto a cosas que parecen no ser resueltas de la vida tangible. Más sin embargo me siento llena de mucho y en tranquilidad, a pesar de la decadencia de la vida circundante — y tomándome la cabeza respondí— he sentido antes la verdadera nada y la verdadera desesperación, y este tipo de nada y de desesperación no corresponde a aquella experiencia. Las preguntas me hacen pensar en el cuerpo y en la mente. Carezco de muchas cosas que, corporalmente deberían satisfacerme y colocarme en un espacio de confort. En otras palabras, no es un espacio de confort tener deudas, y sentir que todos los miedos te invaden de repente, hasta causarte sueños incómodos. Y sin embargo, aunque estoy en esta compleja situación, no pienso de ninguna forma en una medida desesperada a llevar adelante. Me parece que he priorizado otras cosas internas, dandoles valor, e identificando una total y casi completa satisfacción en lo poco; lo que no hace, claro, que melancólicamente extrañe aquello que, en lo corpóreo, no poseo. 

— Entonces ¿no te importa?— agregó.

— Oh! por el contrario, me importa mucho. Pero pienso que si la vida que llevo no va en consonancia con lo que me satisface internamente, me veré ante una tremenda frustración, quizás la más terrible de las frustraciones, la de morir en vida.

— ¿Temes a la muerte?— preguntó haciendo una mueca. 

— No, creo que nunca antes me había sentido tan viva, como ahora. Temo no vivir lo que deseo, así sea un mínimo de ello. 

— ¿y qué deseas? ¿a qué temes?— preguntó sonriendo. 

— Precisamente, temo lo que deseo. Y creo que, ya no es el otro, mi temor es la nada, en ninguna parte, la nada en vida, aceptar el vacío en la otredad, o mejor dicho, aceptar el vacío allí donde se cree que hay otredad, pero en realidad, no hay nada. 

— Parménides no estaría de acuerdo con eso— sonrió. 

— Cierto— añadí sonriendo — pero Parménides siembra la esperanza, y ¿en dónde descansa la esperanza? si no hay más que nada? Creo que Dios no existe, pero el ser humano lo necesita. Sin la idea de Dios el ser humano se desespera, teme morir, y finalmente, moriría en desesperación. Mientras que, si posee la esperanza de vida, se genera la volición, aun cuando ese dios no garantice un más allá, la esperanza del vivir, la esperanza del mañana, la volición de hacer cosas nuevas, de las cosas nuevas que vendrán, la esperanza tal vez, despojada de una deidad, o quizás en ella, o quizás en el cerebro solamente, pero creo que la gente se puede desesperar en sólo pensar que puede dejar de respirar de repente, y morir así sin más, sin justificación, sin esperar nada de un mañana, un mejor. Está inserta en el cerebro la idea del progreso, no sé si producto de la evolución, por eso corremos tras una falsa utopía, no progresamos, sólo cumplimos tareas que dejamos nos sean asignadas, o asumimos actos que creemos que nos llenarán de satisfacción, el placer está asociado a lo que creemos alcanzado, pero el placer es sólo la liberación de una hormona que nos permite llevar acabo el acto volitivo para seguir viviendo. 

— Entiendo— me dijo.

— Creo que yo no— sonreí — ¿mejor vamos por un café? o ¿a caminar? 

— Sí, me parece.—

Nunca sabré qué pensaba, por lo menos me escuchó. 

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