Destacado

La romantización del desamor



Una nueva página de éste diario de lo absurdo. De esta vida sin amor que gira sin sentido. Creo que la soledad trae consigo la responsabilidad de interiorizar los defectos y las virtudes. Ciertamente, yo estoy más concentrado en mis defectos que salen a la vista.

Mi apellido había adquirido cierto significado que, en éste caso, correspondía contrariamente al sin sentido. Soulone: alma sola, no podía ser una definición más acertada al cúmulo de años que pesaban sobre mis hombros. 

El tiempo en soledad me ha permitido aprender a disfrutar de mis pensamientos, cualquiera que ellos sean. He llegado a la conclusión de que sufro de un defecto terrible: la romantización del desamor. 

Las dos veces que intenté amar, fueron fallidas. 

Por una parte, romanticé el hecho de que Divertida había causado un efecto que revolucionó mi mente, con tantas cosas en común con ella, y aquella conexión profunda que se estableció entre nosotros, repentinamente. Cuando me enteré que estaba con alguien más aquello me destrozó, yo juraba que concretariamos una relación, era lo que parecía. Pero no pasó. Después de varios años, no miraba con rencor aquello, por el contrario, me había parecido un algo especial que pasaba solamente una vez en la vida. 

Por otro lado, estaba Caroline. Con ella si que habían pasado cosas, pero aquello se redujo a un par de encuentros casuales, que había propiciado yo. La realidad es que ella no había demostrado mayor interés en mí. Siempre era fría y distante, controlando sus emociones y sin una pizca de demostración de algún tipo de pasión. Me había aburrido de todo aquello. Y ahora ella pretendía que yo volviera. En realidad yo no la quería. Cuando decidí alejarme, entré en depresión. Me había cansado de romantizar aquello también. Cuando un pensamiento de ella se me cruzaba, me generaba rabia y rencor. Por suerte y con paciencia logré dejar de pensar en el malestar que me suscitaba.

Y ahora estaba solo. Con una tremenda paz que era difícil de explicar. Me había acostumbrado a la soledad y también a la idea de que, muy posiblemente, me quedaría solo por el resto de mi vida. 

El ideal de una emoción, de una pasión, de una nueva oportunidad, se había desvanecido y muy probablemente nada podría cambiarlo. 

Me había ganado a mí, a valorar mi espacio, mi presencia,a conocer mis gustos y mis manías, mis fallos y mis aciertos. 

Pero el velo del amor romántico había desaparecido para develar que mi vida siempre había sido un camino a andar en solitario, en donde el único lugar posible en el que encontrar amor era el egoista espacio en donde mis dragones, mis hadas y mi fantasía podían desplegarse como las letras en éste papel.



Comentarios

Entradas populares