Ir al contenido principal

Destacado

La casa vacía

  7:30 a.m. Suena un portazos. Un rumor de llaves cierra la entrada principal.  8:00 a.m. La luz del sol se cuela por la ventana. Las plantas hacen fotosíntesis. Ha nacido un nuevo brote en la maceta. 10 a.m. Una gota ce sobre los platos sucios en el fregadero. Las moscas revolotean sin temor. 12:00 m. el calor arrecia. Las toallas húmedas, amontonadas en el baño cultivan hongos y bacterias. El cubrecama destendido no promete un futuro. 1:45 p.m. El viento hace volar las cortinas. Algunas hojas caen sobre la alfombra. 2:53 p.m. Se enciende el televisor de la sala. Una alerta en la pantalla indica que se grabará el próximo programa.  4:30 p.m. Una descarga eléctrica hace temblar al refrigerador. 5:22 p.m. Un rumor de llaves abre la puerta principal. Un portazo se escucha. Dos zapatos salen volando y un maletín encuentra destino en una mesa, mientras el sofá recibe a un hombre cansado que exclama: -¡Hogar!, dulce hogar. 

Mi lenguaje

 A veces se puede hablar mucho, y no decir absolutamente nada. Que certeza hay en aquello que habla desde el silencio. 

Que difícil aprender a expresar lo que se siente, sin temer. Expresarlo con palabras, y sentir la necesidad de escucharlo de la misma manera. 

Hoy, alguien con bastante sabiduría, me dijo que arrastramos el miedo desde tiempos incontables, y que ese miedo nos inhibe de tal forma que podemos reprimirnos a nosotros mismos. Que ciertas fueron sus palabras. Que apropiadas para comprender los derroteros por los que he llevado mi vida. 

A veces, se aprenden conductas, en contra de la propia voluntad, y por resguardo propio. A veces, buscas amor en lugares en donde no lo hay, porque no entiendes que el amor no se busca, sólo llega. 

A veces, te inhibes de expresar lo que sientes, para evitar ser dañado. Puedes confiar en alguien y ver tu confianza defraudada en un segundo, porque nadie te enseña que la vida también implica fracasos, difíciles de aceptar, muy difíciles de entender. Hasta que, con un golpe de suerte tremendo, te ves enfrentado a todos tus miedos, y no te queda más que mirar de frente lo que te daña tanto y la forma como dañas a otros.

Es preciso que diga Perdón, quizás porque hay una culpa en mí, que a veces comprendo, o que simplemente busco justificar en medio de todo lo que pasa. Lo siento por mis silencios, porque ahora, comprendo mas que nunca lo muy doloroso que puede haber sido para muchos, los míos. Mi lenguaje es extraño, quizás diferente, incluso de esta forma me cuesta aceptarlo. Mi lenguaje se expresa a través de símbolos, dota de sentido a las cosas que me rodean, a los actos que llevo a cabo. Mi lenguaje te dirá que te quiero todo el tiempo, con mis acciones, hasta que llegue el día, que me sienta capaz de decirte que te quiero. Y si te lo digo, será porque realmente te quiero mucho. Será porque tienes un espacio en mi maltrecho corazón. 

Cuando me topo con otro lenguaje, similar al mío, lo que raras, rarísimas veces sucede, quisiera perpetuarlo en un tiempo infinito, porque entonces eso sólo significaría que alguien puede hablar el mismo lenguaje que yo, y que puedo entender y ser entendida, y en algún momento, sentirme tan cómoda como para expresar lo que siento. 

Esta tarde me siento triste, he entendido que he creado en mi mente un lenguaje sutil con personas ajenas a mí. De las que me alejé alguna vez en silencio, para no perturbar con mis tormentas. Entendí, que aprendí, de buena o mala manera de la vida, que aún cuando te sientas terriblemente triste, terriblemente solo, terriblemente descorazonado, el silencio puede ser la respuesta mas sensata, para no herir a nadie, para no incomodar a nadie, para no hacer que nadie se moleste, para no ser. 

Y ahora, estoy aprendiendo la lección, una que se me enseñó al principio de mi nueva vida académica, una de otras palabras sabias que me dijeron que "lo más difícil que tiene que hacer el ser humano, es saber lo que aprendió, desaprenderlo y volverlo a aprender". 

Aprendí a estar en silencio, no a ignorar, siempre escuchaba.

Sé que lo aprendí, por miedo, porque no encontraba el espacio para decirlo de otra forma. 

He desaprendido el silencio, y estoy apreciando lo que digo, y mucho más, doto de mucho valor aquello que escucho. 

Estoy aprendiendo a manifestar con palabras, por lo que les otorgo una posición muy importante en este momento de mi vida. Me he dado cuenta de cómo las he dotado de significado, además de descubrir, genuinamente, el valor que tienen mis propias palabras cuando las escribo.

Este es mi lenguaje, ahora es un lenguaje que se ha alimentado con nuevas cosas, pero que, aunque se expresa, también encuentra más signos por doquier y otorga sentidos, a personas y situaciones que parecían estar ausentes, pero  que forman parte de la historia de mi vida. 

Comentarios

Entradas populares

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.