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La casa vacía

  7:30 a.m. Suena un portazos. Un rumor de llaves cierra la entrada principal.  8:00 a.m. La luz del sol se cuela por la ventana. Las plantas hacen fotosíntesis. Ha nacido un nuevo brote en la maceta. 10 a.m. Una gota ce sobre los platos sucios en el fregadero. Las moscas revolotean sin temor. 12:00 m. el calor arrecia. Las toallas húmedas, amontonadas en el baño cultivan hongos y bacterias. El cubrecama destendido no promete un futuro. 1:45 p.m. El viento hace volar las cortinas. Algunas hojas caen sobre la alfombra. 2:53 p.m. Se enciende el televisor de la sala. Una alerta en la pantalla indica que se grabará el próximo programa.  4:30 p.m. Una descarga eléctrica hace temblar al refrigerador. 5:22 p.m. Un rumor de llaves abre la puerta principal. Un portazo se escucha. Dos zapatos salen volando y un maletín encuentra destino en una mesa, mientras el sofá recibe a un hombre cansado que exclama: -¡Hogar!, dulce hogar. 

Gitana frente a la glorieta

 Era una tarde de verano, calurosa, soleada. Ya casi terminaba el día. Ella y yo estabamos vestidas muy ligeras de ropa, short y camisa con hombros descubiertos, era un día de descanso y disfrute, como aquellos que solíamos compartir juntas.

La música era ese ingrediente que no podía faltarnos, comenzó mientras tomabamos el almuerzo, por demás delicioso.

Hacíamos hora, el jazz sería mucho más tarde. 

Pero otra música nos atrajo, los sonidos de instrumentos en vivo tienen ese toque especial, único, encantador. Flauta de pan que enamora los oidos. 

Ambas nos emocionamos, era rock. 

Nos acercamos al sitio del toque, aunque había mucha gente. Un par de bandas tocaron, mientras unos fanáticos bailaban y brincaban frente a la tarima de los músicos. 

De repente, apareció su amigo entre la multitud. Me conoció, sonrió ampliamente. Un poco sorprendida, también le sonreí y le devolví el saludo. El volvió a sonreir y se escabulló corriendo entre la multitud. 

Las bandas pararon de tocar, y siguió sonando la música. Ella amaba la música, nuestra amistad se había forjado con sonidos. 

Comenzaba a hacerse de noche, así que emprendimos el camino hacia el club, sonaba una canción, un clásico del rock, que decía "I was made for loving you baby..." supongo que no necesita traducción, supongo que ya sabes cuál es el grupo. 

Pasamos caminando frente a la glorieta, ambás estabamos riendo ampliamente, y cuando desvié la mirada allí estaba él, junto a su amigo quien señalaba hacia donde estaba yo. Pero, sólo sonrió, se sujetó su cabello e irguiéndose con cierta arrogancia desvió la mirada. 

Quise creer que no me había visto, pero sabía que no era cierto. Sé que me vió. 

Yo también lo vi. Y me quedé soñando, como siempre, que se escondía tras los muros del club para espiar a ver qué hacía. Me quedé soñando una historia en donde corría a través de ese pasillo, junto a él, tomados de la mano en medio de la noche, mientras nos besábamos en la oscuridad.

Me quedé soñando una historia. Soñando una historia como esa triste canción de amor. Esa fue la última vez, hace 5 años.

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