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La romantización del desamor

Una nueva página de éste diario de lo absurdo. De esta vida sin amor que gira sin sentido. Creo que la soledad trae consigo la responsabilidad de interiorizar los defectos y las virtudes. Ciertamente, yo estoy más concentrado en mis defectos que salen a la vista. Mi apellido había adquirido cierto significado que, en éste caso, correspondía contrariamente al sin sentido. Soulone: alma sola, no podía ser una definición más acertada al cúmulo de años que pesaban sobre mis hombros.  El tiempo en soledad me ha permitido aprender a disfrutar de mis pensamientos, cualquiera que ellos sean. He llegado a la conclusión de que sufro de un defecto terrible: la romantización del desamor.  Las dos veces que intenté amar, fueron fallidas.  Por una parte, romanticé el hecho de que Divertida había causado un efecto que revolucionó mi mente, con tantas cosas en común con ella, y aquella conexión profunda que se estableció entre nosotros, repentinamente. Cuando me enteré que estaba con alg...

Gitana frente a la glorieta

 Era una tarde de verano, calurosa, soleada. Ya casi terminaba el día. Ella y yo estabamos vestidas muy ligeras de ropa, short y camisa con hombros descubiertos, era un día de descanso y disfrute, como aquellos que solíamos compartir juntas.

La música era ese ingrediente que no podía faltarnos, comenzó mientras tomabamos el almuerzo, por demás delicioso.

Hacíamos hora, el jazz sería mucho más tarde. 

Pero otra música nos atrajo, los sonidos de instrumentos en vivo tienen ese toque especial, único, encantador. Flauta de pan que enamora los oidos. 

Ambas nos emocionamos, era rock. 

Nos acercamos al sitio del toque, aunque había mucha gente. Un par de bandas tocaron, mientras unos fanáticos bailaban y brincaban frente a la tarima de los músicos. 

De repente, apareció su amigo entre la multitud. Me conoció, sonrió ampliamente. Un poco sorprendida, también le sonreí y le devolví el saludo. El volvió a sonreir y se escabulló corriendo entre la multitud. 

Las bandas pararon de tocar, y siguió sonando la música. Ella amaba la música, nuestra amistad se había forjado con sonidos. 

Comenzaba a hacerse de noche, así que emprendimos el camino hacia el club, sonaba una canción, un clásico del rock, que decía "I was made for loving you baby..." supongo que no necesita traducción, supongo que ya sabes cuál es el grupo. 

Pasamos caminando frente a la glorieta, ambás estabamos riendo ampliamente, y cuando desvié la mirada allí estaba él, junto a su amigo quien señalaba hacia donde estaba yo. Pero, sólo sonrió, se sujetó su cabello e irguiéndose con cierta arrogancia desvió la mirada. 

Quise creer que no me había visto, pero sabía que no era cierto. Sé que me vió. 

Yo también lo vi. Y me quedé soñando, como siempre, que se escondía tras los muros del club para espiar a ver qué hacía. Me quedé soñando una historia en donde corría a través de ese pasillo, junto a él, tomados de la mano en medio de la noche, mientras nos besábamos en la oscuridad.

Me quedé soñando una historia. Soñando una historia como esa triste canción de amor. Esa fue la última vez, hace 5 años.

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