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La casa vacía

  7:30 a.m. Suena un portazos. Un rumor de llaves cierra la entrada principal.  8:00 a.m. La luz del sol se cuela por la ventana. Las plantas hacen fotosíntesis. Ha nacido un nuevo brote en la maceta. 10 a.m. Una gota ce sobre los platos sucios en el fregadero. Las moscas revolotean sin temor. 12:00 m. el calor arrecia. Las toallas húmedas, amontonadas en el baño cultivan hongos y bacterias. El cubrecama destendido no promete un futuro. 1:45 p.m. El viento hace volar las cortinas. Algunas hojas caen sobre la alfombra. 2:53 p.m. Se enciende el televisor de la sala. Una alerta en la pantalla indica que se grabará el próximo programa.  4:30 p.m. Una descarga eléctrica hace temblar al refrigerador. 5:22 p.m. Un rumor de llaves abre la puerta principal. Un portazo se escucha. Dos zapatos salen volando y un maletín encuentra destino en una mesa, mientras el sofá recibe a un hombre cansado que exclama: -¡Hogar!, dulce hogar. 

La inesperada timidez

 



Dicen que Cicerón, Tito Livio y Ovidio hablan de él. 

También dicen que se asocia al roble, lo que puede entenderse como dar fuerza a algo.

Dicen que las egipcias lo obtenían de una mezcla de semillas, ocre rojo y extractos de frutas.

Pero también se cuenta que en la época grecorromana las mujeres más humildes utilizaban el vino para ello.

Algunos dicen que significaba buena salud, otros que era señal de pudor y recato. 

Yo no sé si eso es cierto o no. 

Pero yo sólo te miré a los ojos, sonreíste, enmudecí. 

Un calor subió por mi cara.

Un salto sacudió mi pecho.

Una sonrisa tímida surgió en mis labios. 

Recordé lo que es estar viva. 

Bajé la mirada, no pude ocultar el rubor. 

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